Porque quería huir de ti tuve que sufrir. Para poder pasar el tiempo sin volverme loco, mi ingenio dio lugar a unas prácticas muy variadas. Lo que ocurrió mientras intenté escapar de tu influencia es lo que te voy a contar ahora.

Lo primero que se me ocurrió fue poner muelles por toda la casa. Funcionó bastante bien y, como te digo, me ayudó a seguir adelante en mi estúpido proceso de seguir sin ti. Coloqué muelles enormes por toda la casa, sobre todo en la entrada. Y nada más pasar la puerta, apenas dentro, empezaba a rebotar por todas las paredes y en todas las direcciones. Cada vez cogía más velocidad y enseguida podía verme a mí mismo distorsionado en los rebotes anteriores. Como la imagen de mis otros yoes se difuminaba mucho, no podía distinguirme y parecía que había muchísima gente en casa. Funcionó a la perfección; era tristísimo llegar a casa y verla deshabitada. Además, me ayudaba a conciliar el sueño, del cansancio que me provocaba tanto rebotar. Y también el hecho de pensar que habría alguien al día siguiente, aunque luego no fuera así. A las semanas, los vecinos empezaron a quejarse del alboroto de las “fiestas” que me montaba, así que tuve que optar por un plan más tranquilo.

Entonces me compré unos hámsteres. Pensé que me harían compañía y formarían una familia en la que yo pudiera ser algo partícipe, pero ocurrió todo lo contrario. Me hacían sentir aún más solo, ya que formaron ellos (eran dos) una familia con cinco crías, y obviamente, no tenían hueco ni tiempo para mí. A raíz de esto se me ocurrió que podía hacer lo mismo con la vajilla de mi casa. Lo mismo, es decir, formar una familia. Una vajilla siempre había sido para mí algo así: los platos de comida son los padres, los platos de postre los hijos, y los platos hondos los abuelos. Les pinté unas caras con sus sonrisas y ya tenía toda una familia en casa. Bueno, a los abuelos les alquilé un piso cerca para que no tuvieran que soportar tanta juventud y agitación. Ellos se portaron mucho mejor entre ellos que los hámsteres, y conmigo también, claro. Estaban siempre que los necesitaba. Todo perfecto, hasta que un día se me cayó un plato al suelo. Esta idea no siguió adelante: peor que tu compañía era soportar una nueva derrota.

Tras estos tropiezos y con mi ingenio por los suelos, apareció ese ser que ha renovado a tantos hombres a lo largo de la historia y que aparece en tantas cartas. Sí, una mujer.

Quizás me precipité la primera vez que fui a visitarla, pero mis ansias solas mueven al resto de mi cuerpo. Primero tenía que asegurarme de que estaba sola. Como vivía en un décimo, para comprobar si lo estaba, tenía que asomarme por la ventana. Era complicado llegar hasta allí, pero no imposible. A base de muchos experimentos químicos realizados durante unos dos años, desarrollé una mutación en mi cuerpo que me permitió volar, aunque fuera durante unos minutos, hasta su piso. Realmente no funcionaban muy bien estas alas, o como queramos llamarlas. Me hacían ir dando golpes con casi todos los áticos que había en el camino de su casa a la mía y tenía que beberme cada poco rato dos líquidos: uno para que tuvieran fuerza, y otro para que se encogieran hasta que eran apenas visibles, solo dos granos en mi espalda . A veces pienso que esas alas nunca existieron y era yo saltando de ático en ático impulsado por mi emoción. El caso es que el día que coincidió que estaba en casa, no estaba con su novio y tenía la persiana subida, me emocioné tanto, que en un gesto de nerviosismo se me cayeron las botellas con los líquidos. Así que tuve que pasar toda la noche esperando, y a la mañana siguiente, aguardé a que saliera de casa, y llamé a los bomberos para que me bajaran de allí. Vino también la policía y me dijo que no podía ir por ahí con las alas, que estaba prohibido volar. Les pedí que me enseñaran una ley o lo que fuera, donde pusiera algo al respecto, y así lo hicieron. Resulta que hay un punto en la ley en el que se prohíbe volar aunque se haga por amor, aunque extrañamente no añadan nada sobre hacerlo bajo los dominios del alcohol u otros productos. No me imaginaba que a nadie se le había podido ocurrir hacer una ley así. No pasó nada más; en el fondo vi que los policías lo sentían por mi situación. Después de eso, tuve que extirparme las alas totalmente.

Esta parecía la última de mis hazañas para evitarte, pero aún me quedó ingenio. Ya se sabe, por amor o hambre uno se inventa lo que sea. Además, mi relación con esta chica fue a más, aun sin tener yo que hacer grandes apariciones nocturnas volando por la ventana de su décimo piso. Me empezó a hablar mucho de ella y de su novio. Estaban pasando una mala época y yo era un gran apoyo. Como grababa todas las conversaciones, podía estudiarlas luego en casa. De esta manera llegué a la conclusión de que el problema que había aquí no éramos ni ella ni yo, ni que no hubiéramos tenido la oportunidad de conocernos; era su novio, que la cegaba. Así que ahora mis esfuerzos se enfocarían en competir contra él. Durante aproximadamente seis meses intenté mejorar mi cuerpo para sorprenderla con mi físico y que me mirara con otros ojos. Por más que lo estuve intentando, no conseguí ningún músculo digno de admiración. Mi complexión no da más de sí. Pero sí se me ocurrió otra cosa: tener un hijo con alguien que fuera muy parecido a mí y hacerlo crecer muy rápidamente. Le haría un gran hombre musculado para abrirle esos ojos tan bonitos a ella, y que se quedara después impactada por mi (su) personalidad. Luego daría el cambiazo.

Me llevó un par de meses encontrar a una chica físicamente parecida a mí que quisiera tener un hijo conmigo. No podía dejar pasar mucho tiempo, porque luego tenían que pasar los otros nueve meses de embarazo, por lo que con que se pareciera un poco ya bastaba. Dos años pasaron hasta conseguir el bebé varón, porque por desgracia mi primer hijo fue niña. Le dije que podía quedársela si quería, que yo no podía educarla, pero que nos pusiéramos ya con el chico. Ese era el trato. Por fin, el segundo salió niño. Desde el principio le quité los juguetes, aunque él iba directo, y le daba de comer cosas de mayores: costillas, jamón, o café con whisky después de las comidas, por ponerte algunos ejemplos. A los dos meses le empecé a enseñar filosofía, a conducir, y lo apunté a hípica. Fue practicando mis aficiones, leyéndose mis libros preferidos, viendo las películas que yo había visto y escuchando mi música, que fue lo que más le costó. Y no practicó otras aficiones, ni leyó otros libros, ni vio más películas, ni escuchó otras canciones. Siguiendo el plan, se fue haciendo mayor antes de tiempo, a gran velocidad, y con dos meses de edad ya medía un metro y medio. Los resultados fueron espectaculares. A los cinco meses era casi como yo, así que ya podía hacer flexiones, correr, levantar pesas y demás. Como no había cumplido ni un año, no tenía ningún deber de persona mayor ni que ir al colegio; podía estarse todo el día haciendo ejercicio. Y en otro par de meses ya se había convertido en un modelo exquisitamente construido. Su cuerpo, joven, sí que era admirable. El plan dio sus frutos, y se empezó a fijar en mí. O sea, en él.

No te he dicho por qué te escribo. El motivo principal es que quiero volver contigo. No me molesta que la chica que conocí esté actualmente manteniendo, en realidad, relaciones con un niño de dos años. Ella no lo sabe, no es consciente, y él… él solo es un niño “jugando”. Lo que me molesta más es que dejó a su antiguo novio por el físico nada más. Yo soy exactamente igual que mi hijo, le eduqué como yo, con las mismas costumbres e ideas, los mismos modales; le hice ser yo en tiempo récord para que ella le conociera, me conociera. Era una manera de llegar a ella. La única diferencia es que él tiene un cuerpo perfecto. Incluso medimos lo mismo, todo nos mide lo mismo. En realidad es de mí de quien está enamorada, aunque no lo sepa. No podría estar con una chica así. A veces pienso que inconscientemente la sometí a una prueba, y… no la ha superado. Claro, ella piensa que está saliendo conmigo, sería una locura que nos viera a los dos a la vez, y eso no ha pasado hasta ahora, ni pasará. Dejaré que sea feliz con él, porque yo no quiero nada con ella ya, ahora quiero estar contigo otra vez, como antes, como siempre hemos estado. Como cuando mi primer amor eligió su segundo amor.