El escritor famoso
Entrevista realizada por Lucy Streetworker

A ver… Probando, probando… Bien, la grabadora funciona… Vamos allá.
– Buenos días, Don… En primer lugar, felicitarle por el éxito de ventas de su última novela. Parece que los lectores la están disfrutando mucho…
– Natural, querida muchacha: La he escrito yo. Ellos me adoran.
– ¿Cómo se definiría en pocas palabras? Tanto en lo personal como en lo literario, quiero decir.
– Hmm. No me gusta hablar de mí, pero ya que me lo preguntas, diría que soy un hombre sencillo, de trato agradable, generoso, solidario, educado, inteligente, valeroso, amable y atento con las mujeres y (esto ponlo en negrita si puede ser) bastante rico. En mi faceta literaria, me definiría como un escritor brillante, pero escasamente valorado por la crítica (quizá, precisamente, a causa de mi enorme talento).
– Hablando de su talento… Se dice que usted inventó un nuevo género literario: La sandez. ¿Qué podría contarme al respecto?
– No, no, no, querida… El mérito no es mío. El género ya estaba inventado desde mucho antes. Es más: a decir verdad, la mayor parte de mis contemporáneos forman parte de esa corriente literaria.
– Hay quienes -seguramente críticos malintencionados-, para definir su estilo, han usado la palabra insustancialidad. ¿Es usted un autor insustancial?
– Bueno, no sé. Es posible… Pero si a mis lectores les gusta, ¿qué puedo hacer yo? Es el estilo que me caracteriza, mi seña de identidad, por así decir… Y las ventas, ¿qué me dices de las ventas? El público es sabio, querida mía. Ah, mi amado público…
– Respecto a las acusaciones de plagio… Numerosas, por cierto…
– Ah, mi niña. (Te queda muy bien esa minifalda, por cierto). Nunca faltan buitres que quieran aprovecharse del éxito ajeno. ¿Qué significan cien o doscientas coincidencias en una novela? Si la vida en sí es pura coincidencia.
– Pero debe admitir que es muy raro que incluso los nombres de los protagonistas sean idénticos a los de las novelas de quienes le acusan…
– Ay, niña. ¿Qué es un nombre? Si lo que cuenta es la esencia, la trama.
– También por ese lado parece haber asombrosas casualidades…
– Mira… Te contaré un secreto… Pero, acércate más… Así, bien juntitos… Y apaga esa grabadora. Verás: Toda la culpa es de un tipo que tengo subcontratado. Yo tengo una vida social demasiado activa como para poder dedicar tiempo a escribir. Así que él me escribe las novelas. Luego le doy un porcentaje y aquí paz y después gloria. Pero el tipo es un vago y, en lugar de escribir, se dedica a copiar historias que ve por ahí y así le queda tiempo para bajarse porno. En el fondo, no es mala cosa, ya que esas historias son bastante mejores que las que él o yo podríamos idear. Según me contó cuando nos demandaron, lo difícil es adaptar esas historias a mi estilo, pero eso lo hace bastante bien. Por eso no le despido. Bueno, y porque si se va de la lengua, estoy jodido.
– Entonces, ¡Es cierto!
– Shhh… Esto no puedes contarlo. Es una confidencia de cama, por así decir…
– ¡Pero no estamos en una cama!
– No te impacientes, monina. En seguida lo estaremos.
– ¿Qué puede contarme de su próximo trabajo?
– Poca cosa, bonita, poca cosa… Estoy con el borrador, ya sabes. (Guiño cómplice).
– Pero me podrá adelantar algo del argumento…
– Bueno. Es la historia de dos hombres que suben una escalera porque el ascensor se ha averiado. Después bajan por la misma escalera.
– Sí. Concuerda con su estilo. Bien. Creo que con esto tendremos suficiente.
– Ah. Excelente, querida. Así podemos pasar a lo importante… ¿Quieres que te desnude yo? Dicen que lo hago muy bien.
– De eso nada. La entrevista ha terminado. Yo me piro.
– Pero… Me habías prometido…
– Sí, claro, pero es que es el primer trabajo que hago para el VayaMierda! Y si no vuelvo con la entrevista me despiden, y una ya está mayor para pasarse la noche en una esquina… es cosa de supervivencia… Seguro que usted me entiende. Hasta otra.
– Espera, espera… Te pagaré.
– Hmmm… No sé si la revista lo vería con buenos ojos, pero… ¿Cuánto?
– Cien. ¿Te parece bien?
– Mejor doscientos y no se lo cuento a tu mujer. (Qué chollo. Esto lo grabo y ya tengo para otro artículo. Lo mismo me hacen redactora jefa).
Las dos sombras se pierden por la puerta del fondo. Círculo negro cerrándose. Fin.

Del libro inédito: Entrevistando monstruos,
de Lucy Streetworker