Desde el pelo que más sobresale en mi cabeza hasta la uña del dedo gordo del pie soy una herida. Una cicatriz en potencia que no
me dejó crecer al ritmo de la vida.
En los momentos decisivos, cuando las decisiones marcan tu futuro mi decisión fue beber calimotxo. Cuando no tenía dinero para
calimotxo me alquilaba a coste cero un rinconcito en las nubes, donde los pajaritos eran mis mejores aliados.
Son muchos años nutriendo la herida de sal y creo que ya es hora de comenzar a curarla para que la cicatriz haga acto de presencia.