Estoy hasta las mismísimas narices de ir al cine y encontrarme con este género de películas que podríamos llamar “a-historicistas”: películas que en apariencia relatan una realidad histórica con una aproximación muy fiel desde bastantes puntos de vista (vestuario, ambientación, contexto social, cultural) cuando por otro lado cambian los hechos históricos o bien directamente inventan totalmente el argumento basándose en algo, una pequeña parte, que sí fue real. ¿El resultado? Una película que en muchos casos puede ser sobresaliente pero que transmite una realidad que en muchos casos sencillamente no existió generando gracias al impacto cultural del cine una especie de “falsa cultura histórica” que queda impregnada en el acerbo cultural. Explicándolo con un mismo ejemplo exagerado del cine… como si popularmente se creyese que realmente los Estados Unidos encontraron el Arca de la Alianza del Antiguo Testamento en 1938 y la ocultaron en el Área 51 (Raiders of the Lost Ark, 1981, Steven Spielberg).

Es cierto que el cine no es un documental sino un medio de entretenimiento. Pero creo que el arte en cualquier expresión debe tener una pequeña parte de responsabilidad social que viene dada por ese gran impacto popular. Para ilustrar mi punto de vista voy a comparar dos películas recientes, que como veremos, son opuestas desde varias perspectivas.

Podemos encontrar como en prácticamente todas las películas, errores históricos en Alejandro Magno (Alexander, 2005, Oliver Stone) pero son errores menores. Los fallos son más por omisión, ya que hay pasajes enteros de la vida de Alejandro Magno que no se muestran en esta película, que por las cosas que se muestran. Que la caballería macedonia no usase botas de cuero sino sandalias con espinilleras atadas, o que un vehículo aquí o un tipo con gafas de sol se cuele por allá en una escena son peccata minuta (aunque reprobables en una película de tanto presupuesto) comparados con otros títulos. Sin embargo, el despliegue por primera vez en el cine de una falange macedonia en orden de batalla con sus sarisas de seis metros en ristre en formación avanzando, dispuestos a hacer la minipimer con el ejército persa de Darío da buena muestra del alto grado de asesoramiento histórico que tuvo a su disposición el director. Y sin embargo, no es una buena película. A pesar de las grandes figuras que protagonizan la cinta, prácticamente todas las interpretaciones cojean, Angelina Jolie y Colin Farrel son anacrónicamente próximos en edad, amén de otros tantos errores que podría enumerar desde un punto de vista del cine que hacen que esta película, sin ser una mala película, no es buena aunque tenga muchas cosas buenas. Pero sí es fiel a la realidad histórica.

Gladiator por otra parte (Gladiator, 2000, Ridley Scott) me parece una soberbia película que muchos coinciden devolvió en su momento el cine de romanos a la primera línea de interés. Russell Crowe está soberbio, así como otros personajes tanto protagonistas como secundarios, casi todos tienen algo especial que hace que los recuerdes. La música de Hans Zimmer añade un sutil tono épico y trascendente a la cinta en una banda sonora sobresaliente. Y sin embargo los errores históricos se suceden… Lo bobo de la legión romana (a pesar de su espectacularidad) de emplazar sus ballistae, carroballistae, onagros, escorpiones y demás tipos de catapultas en medio de un bosque enfangado en pleno invierno… Marco Aurelio murió por muerte natural y no como sale en la película… una travesía de Máximo a caballo por medio imperio sin cruzarse con una sola patrulla romana… sin embargo salir por la puerta del cine tras ver esta película por primera vez te hace sentir realmente satisfecho y con la resaca de un orgasmo mental.

Pero si uno investiga un poco la verdadera realidad histórica que tenemos documentada… se cumple la máxima de que la realidad supera la ficción. ¿Por qué entonces la adulteramos tanto? ¿Nadie es capaz en la industria del cine de contar una buena historia sin modificar la Historia?

Nolfy